El hambre imparable

Cada día hay más cantidad de comida (y no alimentos) a nuestro alcance, pero a la vez cada día tenemos más y más hambre, una hambre insaciable que no paramos con comida.

¿Por qué será?

La mayoría de los alimentos que come la población occidental hoy en día está desprovista de los nutrientes y energía necesaria para nutrir nuestro sistema nervioso.

Las personas aúllan por un trozo de tarta a media tarde o por una taza de chocolate y aún y así no se sienten satisfechas.

Hay mucha dispersión, la falta de concentración es un gran problema no sólo en la escuela y el cansancio es el pan nuestro de cada día.

A qué es debido?

A que las personas no comen bien. Actualmente no comemos carbohidratos de calidad en nuestras comidas.

El pan blanco, las galletas, los cereales refinados... no satisfacen. Llenan momentáneamente porque se asimilan rápidamente pero al no contener fibra la glucosa baja rápidamente en sangre y volvemos a tener hambre. Además el refinamiento de los cereales desprovee de las vitaminas del grupo B que necesita nuestro cerebro para soportar bien el estrés.

A nivel energético no nos da la misma energía un grano que una harina. Todos estaremos de acuerdo en que si ponemos un grano de arroz en un poquito de agua nacerá una planta en cambio, si ponemos un poco de harina no pasará nada. Esto también sucede en nuestro organismo, por supuesto que no nos nacerán plantas, pero lo que sí que pasará es que se transmutará esa energía de ese grano que es capaz de dar vida. La energía, pues, también nos la comemos.

Los alimentos frescos, al igual que los granos, están llenos de energía, en cambio los congelados aunque tengan los mismos nutrientes no tienen energía.

Este tipo de alimentación conlleva: que estemos cansados y lo peor, que no nos recuperemos ni durmiendo y que a media tarde estemos muertos de hambre y vayamos corriendo al horno a buscar un azúcar rápido en forma de croissant para no desmayarnos.

¿Qué podemos hacer?

Primero de todo comer bien. Nos hemos olvidado de cocinar y de ir al mercado a comprar. Nuestro cuerpo no se alimenta tan solo de nutrientes sino que lo hace de energía y de amor.

Una comida completa al medio día ha de constar de tres tipos de ingredientes: verduras frescas cocinadas unos minutos que nos darán vitaminas, minerales y frescor, un carbohidrato de calidad en forma de grano integral como el arroz, el mijo, la quinoa... que nos aportará fibra, glucosa estable en sangre y todas las vitaminas del grupo B que necesita nuestro sistema nervioso, proteína de calidad libre de hormonas antibióticos y grasas saturadas como pueden ser las legumbres o un trozo de pescado fresco que nos ayudará a aportar todos los aminoácidos que necesita nuestro cuerpo diariamente.

Si comemos un carbohidrato de calidad en las dos principales comidas: desayuno y almuerzo nuestro sistema nervioso se mantendrá estable y bien nutrido y podrá soportar mucho mejor el estrés que forma parte de la sociedad occidental y nos sentiremos saciados física y mentalmente y lo mejor, no estaremos tan y tan cansados.

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